Germán Delfino tuvo una noche complicada con fallos discutidos por ambos equipos. El área penal, allí donde deben tomar protagonismo los nuevos asistentes de la terna principal, fue la zona caliente.
Germán Delfino volvió a dirigir anoche a Boca luego de más de ocho meses, tiempo que necesitó para recuperarse tras su polémico arbitraje en el Superclásico de ida de octavos de final de la Copa Libertadores 2015, y el regreso no fue de la mejor manera no sólo por la derrota que sufrió el Xeneize ante Racing en Mar del Plata sino porque el resultado se vio desvirtuado por sus fallos arbitrales.
La polémica comenzó casi en paralelo con el partido ya que en el primer gol de la Academia, a los cinco minutos, hubo offside de Nicolás Sánchez, quien bajó la pelota para Diego Milito, autor del gol, luego del tiro libre de Marcos Acuña. La posición nula del defensor fue mínima pero el línea Ezequiel Brailovsky se encontraba de frente a la jugada, con panorama a su favor para informar al árbitro y así invalidar la apertura del marcador.
La duda sobre la legalidad o no del gol dejó cargado a Boca que luego, durante todo el primer tiempo, reclamó las decisiones disciplinarias del juez en cuanto a faltas y tarjetas.
Racing se fue al descanso 2-0 arriba luego del gol de Marcos Acuña tras una grosera desatención de Lisandro Magallán, quien tuvo una noche para el olvido.
En el complemento, en tanto, llegaron las discusiones más acaloradas. Ocurre que el 29/12 pasado la AFA decidió hacer una prueba piloto al incorporar dos asistentes a las ternas arbitrales de los partidos de verano con el objetivo de minimizar el error del juez principal, principalmente en el área penal pero ayer tanto Ignacio Lupani como Yamil Possi fueron apenas espectadores en las jugadas más discutidas ocurridas en la zona del campo en la que más debían prestar atención, el área penal.
A los 65 minutos y tras un tiro libre de Nicolás Colazo, Delfino sentenció penal para Boca luego de que Alexis Rolín cayera en el área. La transmisión no evidenció falta alguna más allá de un roce que el defensor Xeneize tuvo con Marcos Acuña, uno de los tantos que hay en cada partido del fútbol argentino y que pasan inadvertidos. Andrés Chávez cambió por gol aquella discutida jugada.
A los 71 minutos el partido estaba igualado en dos tantos luego de que Chávez volviera a marcar para Boca tres minutos después del descuento, y allí nuevamente Delfino vio un penal que casi nadie más pudo advertir: fue por un agarrón de Magallán a Matías Campi de esos que tampoco suelen ser indiscutidos para la AFA o, al menos, para el departamento de formación arbitral dirigido por Miguel Scime. Bou sentenció el penal y Racing se puso 3-2 arriba.
Sobre el final vendría el cuarto de la Academia de Facundo Sava, esta vez por una falta de Magallán a Bou que le costó la roja al defensor de Boca y que Delfino juzgó como penal. La falta existió pero afuera del área más allá del esfuerzo que La Pantera hizo por caer adentro. Nuevamente el árbitro se equivocó por su impericia que poco pudo ser disimulada por sus líneas y, más aún, por los nuevos asistentes. Poco le importó eso a Bou, que a los 77 sentenció el 4-2.
El arbitraje argentino viene de un 2015 bochornoso, con varios episodios inexplicables, siendo el más recordado el de Diego Ceballos en el Rosario Central-Boca de la final de la Copa Argentina. La intención de la AFA de aprobar la incorporación de asistentes adicionales fue achicar el margen de error del árbitro principal en particular y de la terna en general. Anoche quedó claro que poco se pudo hacer al respecto.
