El lento descenso del agua llevó alivio a los daminicados por el temporal en Buenos Aires y Santa Fe; cesaron las alertas y no se aguardan precipitaciones para los próximos días; La Matanza, Roque Pérez, Salto, Mercedes y Pilar, muy complicadas.
Cesó la alerta. Las lluvias amainaron y algunos de los ríos y arroyos que habían crecido hasta desbordarse comenzaron, de a centímetros, a bajar. Pero ahora, como si todo lo vivido ya no fuera suficiente, viene otra etapa difícil: volver a casa después de la inundación. Constatar si las paredes y el techo aguantaron el embate del viento y la corriente. Animarse a entrar. Ver qué pertenencias se pueden rescatar, cuáles se podrían arreglar. Cuáles no. Y juntar fuerzas para todo lo que se debe desechar.
Para algunos de esos 10.000 afectados -el número lo volvió a confirmar ayer el gobierno de la provincia de Buenos Aires- llegó el momento de la reconstrucción. Ese proceso que puede llevar semanas, incluso meses. La huella, para muchos, queda toda la vida.
La noticia más esperada llegó ayer con el parte del Servicio Meteorológico Nacional de las 16. Ese que informó que la intensidad de las precipitaciones había decrecido y que se preveía un mejoramiento de las condiciones entre la noche de ayer y la madrugada de hoy. El parte que determinó «el cese de la alerta».
La mayoría de las familias, sin embargo, debieron permanecer en los centros de evacuación a la espera de que baje el agua y se vuelvan a abrir los caminos que las llevan a sus casas. Son todavía unos 2000, sin contar los 4000 autoevacuados, que se refugiaron en casas de amigos y parientes. Hasta en un cementerio, como hicieron Zunilda y su familia en Luján: el agua no les dio tiempo a casi nada, sacaron lo que pudieron y se fueron al cementerio del que son vecinos, desde donde pueden monitorear su vivienda. El miedo a que les roben lo que les queda pesó más que la posibilidad de un refugio organizado.
La contracara de ese temor fue la solidaridad de la gente, que atestó de comida, elementos de limpieza y agua mineral a todos los centros de distribución dispuestos en distintos puntos de la Capital y el conurbano. Como Dolores, que en la puerta del estadio de River tiene el baúl del auto repleto de bolsas para donar. «A través del grupo de WhatsApp que tenemos las mamás del primer grado y del jardín de nuestros chicos nos pusimos de acuerdo para juntar las donaciones en la escuela y en estos días vamos a ir trayéndolas.»
La Matanza, Roque Pérez, Salto, Mercedes y Pilar son los cinco municipios que aún siguen más complicados. En el primero, el número de evacuados se mantiene en 1200, repartidos en siete centros, y las localidades que están más afectadas son Laferrère y Virrey del Pino. «A las 5 de la mañana fue el último pico del Río de la Plata y ya cesó la alerta de sudestada. Todavía la gente no está volviendo a sus casas porque todo está muy húmedo. Mañana [por hoy] se harán tareas de limpieza y podrán ir volviendo», explicaron voceros del municipio.
Como si las calles de La Matanza fueran ríos, desde balsas, el Ejército repartía ayer raciones de comida casa por casa y se las entregaba a los jefes de familia que se quedaron cuidando sus pertenencias.
En Roque Pérez, el río Salado seguía subiendo 3 centímetros cada 5 horas, según explicó el jefe de bomberos Ramón Pierini. Había más de 30 familias evacuadas «y muchísimos autoevacuados más». Los bomberos rescataban terneros, vacas y chanchos con botes y lanchas.
El agua había dejado un pueblo aislado. «Es terrible lo que se está viviendo. A 25 km tenemos el pueblo Carlos Begri, que está aislado. No tienen cómo llegar a Roque Pérez. Les estamos llevando, en camiones unimog, remedios y mercadería. Pasamos también una médica y una pediatra para los 300 habitantes «, explicó Pierini.
En Pilar, los evacuados son 472. Y ayer llegaron más. En Salto, declarada zona de desastre, sigue todo igual. El río sólo bajó un poco. Los evacuados son 730. Recién para el fin de semana calculan que pueden empezar a pensar en volver a casa.
Igualmente, el panorama que deja el agua que se va también es desolador. En las calles se condensa un olor fuerte, casi insoportable. Aparecen los animales muertos. Y se escucha la bronca. Como la de ese hombre en Luján, donde aún quedan 500 evacuados, parado en medio del agua, que gritaba por televisión que ya no le queda nada, que el agua se llevó todo, hasta su dignidad.
En Mercedes, Marchetti, barrio lindero al río Luján, es el más afectado. El agua retrocedió unos 300 metros, pero para caminarlo se necesita aferrarse a un palo a modo de bastón e ir tanteando lo que hay debajo. Circular en auto, imposible. Dora Lucero trata de sacar el agua de su casa. Lo hace con bronca. Se le ve en la cara. «Esto no es nada. Ahora bajó, pero llegó a pasar el metro cincuenta adentro -dijo-. Mirá lo que es: uno se quiere matar. Mi hija también perdió todo. La situación no da para más. Vivo desde chiquita acá. Voy a cumplir 43 años y cada inundación es la misma mugre.»
Con la colaboración de Diego Yañez Martínez
¿Qué es una emergencia hídrica?
Se decreta según la cantidad de agua caída en una zona o municipio y cómo afecta la vida de los habitantes y sus bienes personales. El gobierno (provincial o nacional) hace una evaluación de los daños ocasionados por la caída de agua y declara la emergencia hídrica. En este caso se decretó para 39 municipios y permite liberar fondos públicos y privados de organismos nacionales e internacionales para ayudar a los damnificados.
Encuentran el caballo del joven desaparecido
LA PLATA.- Ezequiel del Valle, de 24 años, vive y trabaja en un campo de Barrientos, una localidad de 4000 habitantes situada entre Lobos y Roque Pérez. Anteayer, en medio de la tormenta, montó su caballo y fue a Lobos a buscar los medicamentos que necesitaba su madre. Nunca volvió. Al parecer, desapareció cuando volvía, al intentar cruzar el arroyo El Quemado, dijo a LA NACION el comandante de bomberos voluntarios de Lobos, Eduardo Anaya. Ayer, encontraron al caballo muerto y, atados al animal, los medicamentos que había comprado en la ciudad. «Estamos trabajando en el rescate con buzos de Prefectura, de la policía de la provincia de Buenos Aires, bomberos de Monte y de Lobos. Con luz y si mejora el tiempo, algún helicóptero vendrá a hacer un reconocimiento de la zona», dijo Anaya, al anochecer, cuando debieron suspender el rastrillaje, que se reanudará hoy.
