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Roberto Deangelis y su testimonio de la historia de la Sociedad Italiana de El Socorro.

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En vísperas del Centenario de la Sociedad Italiana Cristoforo Colombo de la Localidad de El Socorro, tuve el honor de ser recibido en la casa de la familia Deangelis, allí me recibieron Roberto y su esposa Libia dos Socorrenses que formaron su familia en esta pequeña localidad del norte de la Provincia de Buenos Aires, al verme don Roberto no dudo en demostrarme su alegría por haber sido elegido para realizarle la nota, no era para menos, es el único integrante vivo de esa comisión de los años 60/70.

 

Al llegar enseguida me ofrecieron algo para tomar, así que largamos la nota matecitos de por medio, una charla que llevo casi una hora sin tener que interrogar mucho, comenzó a contarme sobre su juventud en Buenos Aires, su paso por Mariano Benítez y luego su llegada a El Socorro.

Mientras charlábamos sobre la mesa se encontraba un pequeño libro de actas que contaba con información muy valioso en la historia de los italianos de nuestro pueblo, ese libro había sido encontrado por Roberto hace pocos días atrás, como se aproximaba la fecha del centenario busco entre sus archivos y encontró ese instrumento que tenía plasmado en su acta Nº 1 la organización de la Peña de los Pelados, si la Peña de los Pelados, así decidieron llamarla ya que la mayoría de esa comisión que organizaba el evento era integrada por pelados, me comento sobre la función que cumplía la institución por aquella época, se realizaban bailes, contaban con un bar con conserje, cancha de bochas y el salón grande para fiestas y teatro, concurría la gente de la localidad y los chacareros que venían al pueblo en sus días de descanso en busca de diversión y el encuentro con los amigos, recuerda apellidos de gente que hoy ya no vive, pero no dudaba en buscar la relación con los hijos o nietos para ubicarme de quiénes eran esas personas que asistían y participaban de la institución.

Al terminar la nota me despedí de él y su esposa, con la educación que lo caracteriza, a pesar de los años me acompaño hasta la puerta de entrada, agradeciéndome por la visita y la nota, despidiéndome con la ansiedad de saber qué día y en que horario iba a poder escuchar la nota que tan gentilmente me otorgo.

Escucha la Nota Aquí:

 

Por Osvaldo Cevasco/ Diario El Socorro- FM El Socorro- Portal Regional.

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EVANGELIO DEL DÍA

  • También fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Incomparablemente admirable y digna del más glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en un solo día, soportó todo valerosamente, gracias a la esperanza que tenía puesta en el Señor. Llena de nobles sentimientos, exhortaba a cada uno de ellos, hablándoles en su lengua materna. Y animando con un ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía: "Yo no sé cómo ustedes aparecieron en mis entrañas; no fui yo la que les dio el espíritu y la vida ni la que ordenó armoniosamente los miembros de su cuerpo. Pero sé que el Creador del universo, el que plasmó al hombre en su nacimiento y determinó el origen de todas las cosas, les devolverá misericordiosamente el espíritu y la vida, ya que ustedes se olvidan ahora de sí mismos por amor de sus leyes". Antíoco pensó que se estaba burlando de él y sospechó que esas palabras eran un insulto. Como aún vivía el más joven, no sólo trataba de convencerlo con palabras, sino que le prometía con juramentos que lo haría rico y feliz, si abandonaba las tradiciones de sus antepasados. Le aseguraba asimismo que lo haría su Amigo y le confiaría altos cargos. Pero como el joven no le hacía ningún caso, el rey hizo llamar a la madre y le pidió que aconsejara a su hijo, a fin de salvarle la vida. Después de mucho insistir, ella accedió a persuadir a su hijo. Entonces, acercándose a él y burlándose del cruel tirano, le dijo en su lengua materna: "Hijo mío, ten compasión de mí, que te llevé nueve meses en mis entrañas, te amamanté durante tres años y te crié y eduqué, dándote el alimento, hasta la edad que ahora tienes. Yo te suplico, hijo mío, que mires al cielo y a la tierra, y al ver todo lo que hay en ellos, reconozcas que Dios lo hizo todo de la nada, y que también el género humano fue hecho de la misma manera. No temas a este verdugo: muéstrate más bien digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que yo vuelva a encontrarte con ellos en el tiempo de la misericordia". Apenas ella terminó de hablar, el joven dijo: "¿Qué esperan? Yo no obedezco el decreto del rey, sino las prescripciones de la Ley que fue dada a nuestros padres por medio de Moisés. Y tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios.

 

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